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El Coronel tiene quien le escriba
Ayer murió un soldado, oficial y héroe, solo cabe esperar el juicio de la historia, cuando las mentiras actuales caduquen, cuando la memoria sesgada sea superada, en el que sin duda será rescatado del oprobio al que fue sometido con fines electoralistas y populistas, para agradecerle la dedicación vital a una causa justa y para devolver su nombre al Panteón de los Mártires.
 
Por Emilio Heinzen

A pesar de vivir en un momento histórico en el que defender el nombre y los derechos de un militar no es sólo políticamente incorrecto sino que puede ser considerado por algunos desmemoriados y trasnochados como una apología del delito, voy conscientemente a cruzar esa puerta, por una deuda moral que todos los argentinos tenemos para con estos hombres a quienes tan mal le estamos pagando.
 
Albino Mario Alberto Zimmermann nació aquí cerca, en Sarmiento, hijo de Guillermo y Mercedes Zimmermann, curso sus estudios primarios en nuestra ciudad en el Colegio San José de los Hermanos Maristas, continuó los mismos en Santa Fe en la Inmaculada de la Compañía de Jesús y luego ingresó al Colegio Militar de la Nación en el año 1950. Alcanzó en grado de Coronel del Ejército Argentino, Oficial del Estado Mayor del Ejército, en el arma de Artillería. Dueño de una inteligencia particular y de una dedicación notoria se destacó entre sus pares y fue dueño de una capacidad de mando envidiable.
 
Cuando la Argentina se desangraba en una lucha irracional y fratricida, fue enviado a la zona más caliente de todas, a Tucumán, provincia que fue durante un tiempo zona liberada, las milicias insurgentes controlaban vastas áreas del territorio, imponiendo por la fuerza una ideología marxista y apátrida, destruyendo a su paso a la misma Argentina.
 
Para allá partió el joven oficial cumpliendo órdenes de sus superiores y acompañado siempre por el profundo amor que le profesaba a la patria. Se desempeño en la selva con la valentía propia de un soldado y contribuyó con su esfuerzo a recuperar el territorio perdido.
 
Cuando la guerra dejó los montes y se mezcló en las calles, el Coronel Albino Mario Alberto Zimmermann ocupó el cargo de Jefe de Policía de Tucumán, desde donde siguió combatiendo por y para los argentinos, poniendo en riesgo su vida de forma diaria.
 
Ayer murió, en condiciones que no le era propias, en medio de un proceso judicial armado por los políticos actuales ostentadores del poder, aquellos derrotados en los ´70 que en su mezquindad suprema utilizan las armas de la democracia que supieron combatir para humillar a todos aquellos hombres que con bravura los derrotaron.
 
Así le ha pagado la sociedad actual los servicios prestados, así se le paga a todos aquellos hombres que dedicaron su vida a salvaguardar la integridad de la Nación. Entre abucheos e improperios pasó sus últimos días, pero con la entereza de un guerrero que sabe que lo que hizo no fue por él sino por todos y por la Argentina que tanto quiso.
 
Ayer murió un soldado, oficial y héroe, solo cabe esperar el juicio de la historia, cuando las mentiras actuales caduquen, cuando la memoria sesgada sea superada, en el que sin duda será rescatado del oprobio al que fue sometido con fines electoralistas y populistas, para agradecerle la dedicación vital a una causa justa y para devolver su nombre al Panteón de los Mártires.
 
 
 
07-03-2010